Por: Alfredo Gutiérrez / originalmente publicado en Revista Proyecto Diseño
Grecia y Roma
»En 1961 marché en un tren jalado por locomotora de carbón , 48 horas, desde Munich hasta Atenas, a través de Yugoslavia. Un estudiante griego compró una botella de Slipovitz (licor de ciruela) y la dejó muy visible junto a una ventana. todos. Todo el camino le pedimos un trago, pero no convidó a nadie. Llegamos a Atenas al mediodía. El alboroto entre parientes y estudiantes que regresaban de vacaciones era impresionante. Mi amigo y yo salíamos ya para el puerto de el Pireo, cuando de repente, arrancó el tren y sobre el andén vacío quedó la deseada botella, ¡el avaro personaje la olvidó! Tomamos Slipovitz durante toda la travesía del Pireo a Creta. Como estudiantes de Arte no hallamos en dicha isla, salvo Knossos y Festos, sitios arqueológicos espectaculares, aunque sí mucha miseria y desamparo.
»Una circunstancia especial me hizo famoso allí.

Pintura Jabalina, 1989-1990
»En la pobrísima ciudad de Rethymnon, que subsistía del comercio de aceite de oliva, esponjas y raras especies, un pintoresco cretense nos adoptó a ambos y sugirió que visitáramos un monasterio para regresar tras pasar la noche a relatar la experiencia. Detallaré un memorable acontecimiento que empezó a las 4 de la madrugada y terminó tres horas luego.
»El Monasterio estaba ubicado a media altura de una cadena montañosa que cruza Creta, y las madrugadas como la que pasamos dentro de la iglesia, en los laterales, eran heladas. Ingresamos de primeros al recinto cuyo interior iluminado con velas y oloroso a incienso me transportó a un cuento de hadas. ¡En el polo norte! Sobrevino entonces algo que describo sin ánimo irrespetuoso (como lo referí luego a los cretenses), comenzó una misa-espectáculo ortodoxa. Entraron al templo numerosos monjes, con vestiduras negras y todavía semidormidos. Dos se situaron junto al púlpito que tenía en sus cuatro costados, cuatro libros abiertos, y uno emprendió una lectura cantada. No vocalizaba bien por una flema en la boca y mientras entonaba carraspeaba para liberarse de ella, enseguida escupió apenas sin interrumpir su canto. Yo no podía creerlo. Lo mismo ocurrió con otro monje y así sucesivamente, fue tan portentoso presenciarlo que hasta olvidé el frío en mis piernas y soporte quedarme parado.
»Tras un sencillo desayuno con el prior, nos despedimos y regresamos caminando a Rethymnon. Nuestro amigo cretense nos citó en el Kafeneion (cafetería) más antiguo de la ciudad, para que narráramos, a él y a todos sus amigos, nuestras impresiones.
»¡Y que función nos esperaba! Henos allí a los dos ante muchos cretenses… Sabíamos poco inglés y menos griego. ¿Cómo complacer aquella multitud expectante? Empezaron los gritos, “Pedro… Pedro…” (ése era yo, el nombre de mi amigo no lo podían pronunciar) y a falta de palabras e inspirado por algunos ‘usos’ (aguardiente griego) me entró el diablo y me levanté. Ubiqué una mesa en el centro, simulé cansancio y froté mis ojos. Mientras hojeaba un libro invisible empecé a cantar, carraspear y escupir durante 10 minutos. Sobrevino el caos, se tiraron de risa bajo las mesas, gritaron como locos, me abrazaron y pidieron que lo repitiera.
»Por supuesto todos eran practicantes y yo hacia obvio lo que ya conocían desde niños. En vez de tomarlo a mal, lo asumieron cariñosos y alegres. Aquella velada acabamos ebrios; y en las semanas siguientes mi fama inundó Creta, y en cada pueblo surgía el clamor de “Pedro… Pedro…”. Repetí el acto muchas ocasiones y en presencia de monjes. ¡También se desternillaron de risa!
»En una de mis caminatas isleñas encontré una plantación de árboles cargados de frutas brillantes, me acosté bajo una rama y tomé una. Eran naranjas, y por primera vez las veía fuera de un supermercado. Veinte años luego regresé a Creta, ya una isla próspera, con hoteles, restaurantes y un espléndido turismo, alguien me reconoció y fui tratado con inmenso cariño.
»Ese mismo año fuimos a Roma en autostop desde Alemania. Demoramos tres días. Al llegar nos dedicamos a absorber lo que esa maravillosa ciudad ofrece. Ya había turismo, pero diferente y poco. Estuve, íngrimo solo en la Capilla Sixtina, algo hoy imposible. Una mañana, al final de mi estadía semanal desperté en el albergue juvenil (en cada habitación dormíamos 8 personas) y me encontré ‘limpio’, en la noche me habían robado todo… papeles, ropa, etcétera. Apenas con mi pantalón y una camisa que tenía bajo el colchón, regresé en autostop a mi país.

Logo José de Arimatea, Fundación para ayuda a los enfermos de sida, 1996
Picasso y París
»Visité Londres en 1961 para ver la primera retrospectiva de Pablo Picasso en la Tate Galerie. Ese mismo año conocí en Francia al propio Picasso. Hacia 1943, éste había escrito un drama llamado “Cómo se toman los deseos por la cola”. Como estudiantes de Arte, abiertos a la innovación (¡qué diferencia con Dresde!) y dirigidos por un amigo y compañero, lo presentamos los demás alumnos (no recuerdo que fuera puesto en escena en otras partes del mundo). A raíz de ello fuimos invitados a otras universidades y luego a un tour para dramatizarlo en teatros, ante el público general. Obviamente, dado lo poco comprensible del drama éste no gustó a los espectadores, lo cual no nos importó. Yo hice el afiche promocional con mi libre interpretación de un diseño de Picasso, quien luego se reunió con nosotros al sur de Francia y quedó fascinado (tanto con nuestra escenificación de su obra, como con mi cartel) y me escribió una dedicatoria en un libro de grabados suyos (“Suit vollard”). Fue un encuentro emocionante, con sus grandes ojos mirándome me sentí único… el único en el mundo al que Pablo Picasso atendía en ese instante. Años después, la forma como él escribió mi nombre la convertí en mi marca comercial para una línea de T-shirts.
»Del primer viaje a París, recuerdo “Les halles” el viejo mercado (en cuyo sitio queda ahora el Centro Cultural Pompidou) durante una madrugada soberbia en que vi llegar de todos los rincones de Francia transportes con toda clase de alimentos que en la mañana se ofrecían para la venta. Pero no comí la famosa sopa de cebolla, nunca me gustó la cebolla (con todo en la obra de Picasso mi personaje se llamaba ‘Cebolla’ ). Preferí un rico pan baguette con salami y queso. Luego pregunté en una taberna oscura por el baño y me indicaron una puerta. Entré y no vi inodoro, ni nada, volví a indagar confundido y me señalaron en el extremo del supuesto baño un hueco en el piso y unas agarraderas en la pared. Primeros encuentros con otras culturas…
»Lucien Clerque, hoy uno de los más famosos fotógrafos de Francia, me presentó, en atención a mi interés por el teatro, a Jean Cocteau con quien puede hablar en alemán (lo dominaba por su relación con el teatro de Dusseldorf, donde se presentaron varias de sus obras). A propósito de Clerque, quien ilustró con sus fotos el libro de Paul Eluard “Nu de la mer”, lo acompañé a fotografiar desnudos en el Mediterráneo. Y con otros organice su primera exposición de fotos en Dusseldorf. Años adelanté él sería invitado por el Museum of Modern Art en New York a exhibir su obra.
Suramérica
»Al concluir estudios en Dusseldorf apliqué a un puesto en la Academia de Arte en Estambul, pues me fascinaban el cercano Oriente y su ambiente arqueológico. Además, ellos me ofrecieron empleo. Simultáneamente recibí la invitación de Kurt Müller para marchar al Ecuador, con su hijo, mi condiscípulo Mario, quien también terminaba su aprendizaje. Accedí y, tras 14 días en un barco bananero, arribé a la tierra que me enamoró. Al subir de Guayaquil a Quito, vía terrestre, todo me cautivó tanto que al llegar a la capital ¡ya sabía que esa sería mi patria! Encontré un país que ofrecía cariño, era humano, auténtico y facilitó mi desarrollo en actividades que me era imposible realizar en Alemania. Me enamoré de él y cuanto más me entregó, más quise darle. El dar y el recibir en abundancia, están condicionados siempre por mucho trabajo y una intachable conducta.;

Logo MAAC, Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, Banco Central del Ecuador, 2001.
Influencias
»En tiempos de la escuela nocturna no tuve influjo alguno, aunque admiré la obra y la habilidad para dibujar de algunos compañeros. Ya en Dresde, rodeado de estudiantes con variados intereses en torno al arte y los artistas clásicos, me fascinaron los dibujos y grabados de Rembrandt, su tratamiento del claroscuro. Hay dibujos y grabados míos que surgieron de esa admiración. Asimismo los artistas del Renacimiento italiano fueron importantes referencias para mí por su trato de las figuras y los paisajes. Pero fue el choque visual con el arte occidental, desconocido para mí, el que me cautivó.
»Picasso fue un impacto increíble, más su obra gráfica que su pintura. En tanto nosotros habíamos sido educados para diseñar todo ‘correctamente’, él con portentosa libertad trató la figura de manera diferente, la movió y deformó hasta conseguir una armonía desconocida. Me asombró tanto que mis figuras eran ‘Picassos’ —me despreocupé por ello— lo importante era romper esa coraza que me impedía ver y crear sin perjuicios. Resumiendo, Picasso me libró y enseñó que los reglamentos deforman el talento.
»Alguna vez, estuve tentado a entrar por mi amistad con un compañero a clase de escenografía con Theo Otto, uno de los más famosos en ese arte entre los años 50’s y 70’s, amigo de Berthold Brecht y creador de las primeras escenografías para Brechts, Madre, Courage y otros. Theo Otto miró mi obra y dijo —no te acepto— ¡podría ser que un buen grafista se convirtiera en un mal escenógrafo!
»Admiré mucho a un compañero, el estudiante Mario Müller, con quien ahora somos como hermanos. Mario venía del Ecuador (adonde su padre me invitó luego), tras breves estudios en México y simpatizamos desde el principio. Las figuras que dibujaba eran para llorar, pero tan bellas, expresivas y libres como conceptos que me sentía casi violado con mi obra tan académica. Mario, en comparación, admiraba mi trabajo (que tenía lo que él deseaba hacer) sin advertir que en calidad temática estaba a años luz de distancia. Nuestro profesor se exasperó con él por su dibujo inconforme e irrespetuoso de la anatomía. Y de todo. Un día lo mandó al pasillo a dibujar unas réplicas de los esclavos de Miguel Ángel. Los pasillos de la Academia eran grandes, altos y muy concurridos en los descansos. Al rato, el Profesor fue a supervisar los dibujos de Mario y lo hizo regresar a (tan asustado quedo con las “obras” que ¡prefirió no exponerlas a la vista de nadie!
»Hoy Mario vive en Quito y es doctor en Psicología, años atrás dejó la pintura, aunque todavía hace dibujos increíbles, además escribe, se involucra en cine y es un hermano maravilloso. Su padre, ya fallecido, fue un inmigrante judío, Kurt Müller, quien llegó al Ecuador en 1938. Se hizo empresario en Quito y fundó la primera lavandería en seco del país. Todos sus parientes, excepto una hermana, fueron asesinados por los Nazis. Sus papás tenían gran relación con intelectuales de entonces (en especial de Dresde de donde eran), entre ellos el artista Oskar Kokoschka quien al ver su talento quiso tomar a Kurt —absolutamente autodidacta—, como alumno maestro. Aunque sus padres no lo permitieron, su vocación no se frustró y emergió con increíble fuerza, después que cumplió 65 años en Quito, Kurt se convirtió en un artista, sobresalió en grabado, fue profesor de Bellas Artes e hizo exposiciones internacionales. Al morir dejó un gran legado. Es el verdadero padre del grabado ecuatoriano. Para mí fue asimismo un padre cuyo ejemplo, sencillez y creatividad, me generan eterna gratitud, particularmente su comprensión por haberme aceptado en su familia, a mí, un ‘Alemán’, habiendo ellos ejecutado a toda su familia. Era un gran humanista y un incansable creador de obras que hoy pertenecen a varios museos del mundo, a coleccionistas privados y primordialmente al Museo del Banco Central del Ecuador.

Logo Sumate sí, Movimiento Cívico, 1997.
Un logo famoso
»En más de cuatro décadas ejerciendo diseño en Ecuador, afronté muchos clientes, primero en una agencia y después de un Estudio. Como copropietario de una Agencia y Ejecutivo (Director de Arte) tuve contacto directo con la dirección de varias empresas y si tuviera que narrar lo vivido con ellos, acabaría escondido en alguna isla remota. Cuanto pudiera revelar: peripecias entre Agencia y Cliente, presiones e injusticias contra nosotros, todo llevaría a la tumba. Por ello, tras 20 años de participación en la Agencia, decidí separarme. Y mi vida cambió del todo. Hay sin embargo un cliente, a quien rindo homenaje, pues su actitud me demostró que un país puede progresar si existen personas con conocimiento y carácter que consiguen cambios estructurales, es el desaparecido banquero Marcel Laniado. Fundó a principio de los 70’s un nuevo banco que rompió con obsoletas idiosincrasias y abrió camino a la banca ecuatoriana hacia nuevos horizontes con responsabilidad a todo nivel social.
»Nuestra historia está relacionada con el diseño.
»Mediante un amigo, Marcel Laniado me hizo saber que deseaba verme, como Peter Mussfeldt y no como ejecutivo de Agencia. Quería que diseñara el logo del futuro Banco del Pacífico. Nos encontramos una noche, en una oficina improvisada, y calurosa. Yo, cansado por la jornada de trabajo, hallé un hombre de tez oscura, gruesos lentes, guayabera blanca y mirada adusta. El piso estaba empapelado con prospectos de logos para el Banco. Apenas nos saludamos el ambiente se puso tenso pues pidió mi opinión sobre aquellos logos. Me negué de plano y dije que me habían contactado para que diseñara un logo y no para juzgar proyectos ajenos. ¡Uff… no fue buena entrada! Me miró desafiante y no contestó. Le solicité que me hablara del futuro banco. En hora y media, y con increíble brillantez me explicó todo desde la estructura tecnológica hasta la misión social.
»Medio abrumado, expresé mi contento… “tengo dos condiciones, si las acepta, estaré dispuesto a diseñarlo”. Me devolvió una mirada incrédula y dijo: “¡usted me pone condiciones!…”. A lo cual repuse: “Sí, señor Laniado, ¡yo soy el diseñador!”. Pareció convenir… “¿y cuáles son sus condiciones?”. Repliqué: “Primera, ¡no acepto cambios en lo que diseñe¡; “¡No puedo admitirla¡” objetó y agregó luego: “¿y la segunda?”. “¡Si rechaza la primera no habrá segunda!”, insistí. “¿Quiere decir que no puedo dar mi opinión y debo aceptar lo que usted proponga?”, argumentó. Contesté: “No. Si le disgusta la propuesta inicial, trabajaré otra, ¡pero ninguna permitirá cambios!”. “Bien, tomaré esa condición, ¿cuál es la segunda?”. Le di mi VALOR, casi se desmaya; y se negó rotundamente a pagarlo. Exclamó: “¡Cómo voy a pagar algo sin antes verlo!”. Contradije: “usted habló de un sistema de computación IBM y va a implantarlo sin conocer lo que hará pues diseñarán algo muy especial para el Banco. Confía en su imagen y calidad, ¿no? Igual es conmigo, ¡me seleccionó por imagen y calidad!”. ¡Y aceptó¡, lo que aproveché para pedir un favor adicional: “Como mi participación tendrá trascendental importancia y será la imagen de marca del nuevo banco, le solicitó me conceda la cuenta número 1”. ¡Y aceptó de nuevo!
»Días después aprobó como logo, mi ‘primera’ propuesta y entregó a nuestra Agencia la cuenta prometida (que hoy mantiene todavía aunque el Banco perdió mucha identidad, con la muerte de Laniado y la fatal crisis bancaria ecuatoriana).
»Era el año de 1972.
»Las épocas de la Agencia me dejaron buenas relaciones con numerosos clientes. Y también fidelidad, pues, tras abandonarla, muchos de ellos encomendaron a mi Estudio Versus, el desarrollo de imágenes visuales de sus productos, aunque continuaran con la Agencia en otros servicios.
Colombia
»Referente al diseño publicitario no tengo relación alguna con su país, pero sí a escala artística. Hace años me vinculé algunos meses al Taller de Humberto Giangrandi y trabajé una obra gráfica con ediciones de grabados y serigrafías. Conocí varios artistas, incluidos los del taller. Al principio me miraban como bicho raro. Tuve ciertos problemas técnicos y mostré torpeza en algunas cosas, pese a ser grabador y dominar la materia. Cuando empecé a trabajar con seguridad surgió el aprecio y se transformó luego en confianza y respeto frente a mi obra.
»Fueron meses de intensa labor. Solo, en una zona céntrica de Bogotá, insegura e incómoda. Pero trajiné de la mañana a la noche. Se me helaban las manos y tuve que calentarme con un secador de pelo. Sin embargo cultive amistad con algunos acompañantes ocasionales, y disfruté comidas, tragos y conversaciones que me aportaron mayor comprensión de la creatividad artística colombiana. Inolvidables recuerdos. ¡Lástima haber perdido esos contactos!
»Desconozco la Colombia actual, por ello es maravilloso este primer contacto con ustedes. Seguro será una puerta abierta, desde ahora. Tampoco tengo idea de lo que hacen ustedes y lo que podría interesar a sus industriales y empresarios del nuestro diseño. Quizá en el futuro pueda hablar del tema.

Team Ecuador, Para marathon en Nueva York, 1998
Fracaso
»Duele que un trabajo relevante choque contra la incomprensión o, peor aún, la incompetencia. En diseño publicitario los rechazos pululan, más por opiniones encontradas acerca del mercado que por calidad. Son desilusiones, no fracasos.
»Fracasé en una empresa de ropa deportiva que hice con unos amigos. Además de enfrentar la competencia del contrabando, hubo divergencias. Mi parte era la creativa, fundamentalmente gráfica, y las piezas impresas diseñadas con más originalidad se comercializaron mejor. Pero nuestra innovación fue cuestionada a menudo y los franquiciadores me obligaron a idear colecciones y mostrárselas cada semestre sin conocimiento de mis socios quienes se molestaron cuando, contrario a su criterio, dichas colecciones cerraron inesperadas ventas. Dejé el negocio, poco después ellos me siguieron. Un completo desastre. Perdí mucho dinero.
»Tuve otro chasco con dos exposiciones de tapices en Colombia. Una en la sala principal de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá y otra en la Sala Pedro Botero del Museo Zea en Medellín. A la inauguración de la primera llegaron apenas ocho personas, la segunda contó con escasas cinco (dos eran mis amigos). Aunque los museos no hicieron promoción y en Bogotá, me parece, se reinauguraba el mismo día una exposición de Botero, con él presente, fue deplorable. Con un agravante, según creo, a la fecha (198?) en Suramérica solamente había dos creadores de tapices: Olga Amaral en Colombia y yo en Ecuador.
»Mis grandes descalabros, estuvieron en la parte creativa. Invertí tiempo y dinero en lanzar al mercado innovaciones (fuera del área publicitaria), cuyos diseños fueron copiados al instante, como tapices y alfombras, que otros imitaron con conceptos similares, pero malos diseños. Igual mis camisetas y T-shirts fueron vilmente copiadas en color y diseño. ¡Ni las demandas frenaron tales abusos! Asimismo en el mercado internacional, fracasé con un concepto gráfico nuevo para T-shirts, pues se irrespetaron mis lineamientos (previstos en detalle) sobre dónde y cómo se comercializaría la línea. ¿Falta de visión? ¿de fe? ¿incompetencia?
»Vaya uno a saber.

Bichos. Proyecto tarjetas para amigos especiales. Año 1999.
Familia
»Del primer matrimonio tengo dos hijos. Ambos casados. Joaquín, el mayor, tiene tres hijas y vive en Guayaquil, él y su esposa se dedican a la administración. Santiago, el segundo, reside en Estados Unidos y trabaja como Director de Arte en una Agencia de Publicidad, su esposa es Copy Senior en otra agencia. Tiene a su haber varios premios y el año anterior obtuvo el segundo premio a nivel USA por el mejor Portafolio. Recién se publicó algo suyo en la Revista Graphis “New Talent Design”; así que existe una continuidad en la línea publicitaria, aunque no en otras expresiones creativas. Pero apenas tiene 28 años y seguro que, una vez sature su interés actual, se abrirá a otras cosas.
»Hace veinte años me volví a casar. Nuestra hija, Karla, pronto cumplirá 18 años y se graduará de bachiller. Piensa estudiar Arquitectura, pero hasta aún no se ha decidido. Mi esposa María Mercedes, ecuatoriana, colabora conmigo en la oficina a nivel administrativo y es mi confidente. Juntos balanceamos pros y contras, y aunque no siempre sean acertadas siempre compartimos responsabilidades. Vivimos muy retirados del ruido mundanal, somos exigentes con las amistades y pasamos muchos fines de semana en nuestra casa junto al mar. Allí disfrutamos la compañía de nuestros amigos, y buena conversación, comida y bebida. Está en un sitio maravilloso llamado Playas.

Pintura Víctima, 1989-1990
