El fotógrafo sueco Erik Johansson, residente actualmente en Berlín, se dedica a la creación de trabajos personales y comisionados donde la fotografía deja de ser solo documentación para convertirse en construcción narrativa. Para Johansson, lo fundamental no es capturar momentos, sino ideas, una premisa que cambia completamente la forma en que se acerca al encuadre, la iluminación y el montaje.
Cada pieza parte de una recopilación de varias imágenes que luego se ensamblan en una sola composición fotográfica. Ese proceso meticuloso permite a Johansson desarrollar una cosmovisión propia, donde lo absurdo, lo imposible o lo inexistente se vuelve plausiblemente creíble. El resultado son imágenes altamente detalladas, en las que la textura, la perspectiva y la profundidad parecen pertenecer a escenas reales, aunque nunca hayan existido en un solo instante.
A lo largo de su carrera, Johansson ha trabajado con marcas reconocidas como Google, Adobe y Microsoft, llevando su lenguaje de fotografía surrealista a campañas comerciales y proyectos editoriales. Su trabajo demuestra cómo la técnica digital puede nutrirse de la observación realista, construyendo mundos alternativos que se sienten tan cercanos como el entorno cotidiano.
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